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Introducción
La cura por imposición de manos tiene una prehistoria milenaria -conocida hoy como doctrina primitiva del Reiki- y una historia que empieza en el siglo XIX con el descubrimiento del Dr. Usui, continúa con sus discípulos y llega hasta nuestros días.
Como veremos, lo que Usui realizó no fue un descubrimiento sino el redescubrimiento de un saber que había logrado sobrevivir a través de los siglos. Usui se convierte entonces en el renovador de la doctrina primitiva del Reiki, al sumar a las atávicas técnicas otras más modernas.
La historia de cómo Usui se encuentra con la doctrina primitiva del Reiki es el resultado de una serie de hechos comprobados y también de leyendas entretejidas por los recuerdos y la imaginación de sus discípulos, historia por cierto tan sugestiva que vale la pena conocerla aunque por momentos se hace muy difícil deslindar la verdad del mito.
Al respecto, lo primero que es necesario aclarar es que todo lo que hoy sabemos sobre el Reiki proviene de una sola fuente: los relatos verbales de Hawayo Takata, maestra de Reiki e hija del continuador del Dr. Usui, el Dr. Chujiro Hayashi.
Esto se debe a que los documentos sobre el Reiki existentes en el país donde este se desarrolló, Japón, probablemente se extraviaron durante la Segunda Guerra Mundial y los sobrevivientes del Dr. Hayashi perdieron durante la conflagración mundial los recursos que les permitían continuar con la clínica que él fundó o quizás dejaron de practicar esta disciplina. Sin embargo, y más allá de las dudas sobre la veracidad de los relatos de la Sra. Takata, el Reiki en gran medida sobrevivió gracias a ella. Esto fue posible porque Takata lo aprendió antes de la guerra y no estuvo en Japón durante la misma, difundiendo más tarde el Reiki en los Estados Unidos. Si no hubiera sido por ella, es muy probable que ésta técnica curativa se habría perdido para el mundo.
Los documentos desaparecidos, particularmente las pruebas que sostenían la historia siguiente, quizás justifican el inicial escepticismo de algunas personas. Pero el Reiki habla por sí mismo, ya que la energía es real y fácilmente experimentable. Por lo que una vez que uno ha experimentado la energía, el Reiki está siempre ahí, demostrando su verdad y su eficacia. Más allá entonces de la veracidad de los hechos de la historia que sigue a continuación, sí es indiscutible que la habilidad para llevar a cabo el Reiki tan fácilmente viene de alguna parte.
Comencemos pues con la primera parte de la historia moderna del Reiki y con la biografía del Dr. Usui, tan fascinante como el Reiki mismo.
El redescubrimiento del Reiki: la búsqueda de O-Sensei U sui
Hacia fines del siglo diecinueve, la antigua ciudad imperial de Kioto era aún el centro del budismo y la capital cultural del Japón. Allí, al igual que en el resto del territorio japonés, el cristianismo y todas las creencias religiosas extranjeras se mantenían alejadas. Sin embargo, contrariando las tradiciones, Mikao Usui, que había crecido y se había formado en esta ciudad y cuyo natural destino era transformarse en monje budista, se acercó al cristianismo porque vio en esta doctrina una forma de servir a su fe, interesándose también en divulgarla. Se consagró entonces sacerdote cristiano y comenzó dirigir un pequeño seminario.
Información complementaria sostiene también que Usui era además adepto de una escuela Tendai, el Budismo tántrico japonés, tradición amante de los símbolos, y que además practicaba otras disciplinas espirituales.
En este contexto, Japón comenzaba a conectarse progresivamente con el resto del mundo, rompiendo su aislamiento insular y recibiendo todo tipo de influencias extranjeras. Pero está integración y su consecuente entrada en la modernidad se producía no sin resquemores. El conflicto entre Oriente y Occidente, entre las tradiciones de sus antepasados y los nuevos valores, se cristalizaba en Usui a través de una búsqueda inquieta y permanente que lo conduciría a encontrarse con los conocimientos que le darían notoriedad y un lugar en la historia de las disciplinas destinadas a la sanación del cuerpo y el alma.
Mientras tanto, antes de que su vida diera un vuelco definitivo, producto del efecto que causó en él una pregunta de uno de sus discípulos, Usui, lleno de fe y energía, procuraba enseñar a sus jóvenes alumnos la doctrina cristiana en su seminario.
Las preguntas fecundas y la lección del alumno
Habían celebrado la misa dominical y el sermón había versado sobre un tema que el maestro Usui no había mencionado aún a sus alumnos: las curaciones y los milagros realizados por Jesús.
La mera descripción de los hechos milagrosos no satisfizo a uno de sus estudiantes, quien le preguntó si las palabras de la Biblia debían ser tomadas de modo literal. Sostenido por su fe y devoción, Usui no dudó en responder afirmativamente.
Pero el alumno quería saber más, por lo que le pidió que le explicara cómo se realizaban los milagros y curaciones de Jesucristo, ya que él quería aprender a curar a los enfermos. El doctor Usui quedó desconcertado y en una posición extremadamente delicada: no sólo no era capaz de responder a los requerimientos del joven, sino que este hecho también ponía en duda su honor como maestro. El concepto del honor en Japón era y es diferente de como lo entendemos nosotros en Occidente: si un maestro no es capaz de responder a las preguntas de sus alumnos, implica llanamente una pérdida de su honor. Lo cierto es que Usui no podía contestarle esa pregunta ni a su alumno ni a sí mismo. El joven le había revelado una grieta que se abría en medio de la solidez de su fe.
Esto determinaría el destino de Usui. A partir de ese momento el camino que comenzó a recorrer para encontrar la verdad estaría lleno de obstáculos y desviaciones que, sin embargo, lo llevarían a un final casual más que auspicioso.
El viaje hacia una respuesta
Como era un hombre consecuente y por su afán de alcanzar una integridad espiritual y moral permanente no consentía engañarse a sí mismo, lo sucedido con su discípulo tuvo consecuencias que llevaron a Usui a tomar una decisión drástica. Sin dilación, abandonó su puesto en el seminario y emprendió un viaje a los Estados Unidos con la intención de estudiar teología en la Universidad de Chicago. Allí se doctoró en Teología y luego regresó al Japón, todavía sin encontrar las respuestas a las dudas que había sembrado en él el joven estudiante. Poder explicar el secreto de las milagrosas curaciones de Jesús y sus discípulos que se describían en la Biblia, se había transformado en su obsesiva meta.
Embarcado en la búsqueda dé una respuesta satisfactoria, se encontró con los testimonios que contaban que también Buda había efectuado curaciones, y empezó a estudiar y a indagar en la vida de este maestro. Con éste objetivo viajó por todo el país, visitando una gran cantidad de monasterios zen a fin de estudiar las traducciones al japonés de los sutras.
Como no conseguía progreso alguno, decidió estudiar chino para poder acceder a fuentes mucho más antiguas: traducciones chinas de los sutras. Pero por este camino tampoco logró su cometido. Ni los textos sagrados chinos ni los textos cristianos contenían indicación alguna de cómo Jesucristo y Buda habían realizado sus curaciones milagrosas.
Desalentado, pero no rendido, Usui creía que si alguna vez algo había sido posible, debía de seguir siéndolo.
Sus siguientes decisiones fueron estudiar sánscrito -la milenaria lengua sagrada de los hindúes para poder leer los sutras en su lengua original, y emprendió a continuación un viaje al Tíbet y a la India.
El imprescindible viaje interior
Usui regresó al Japón siete años después de haber comenzado su largo periplo en búsqueda de la sabiduría deseada. De manera casual, descubrió en un monasterio budista unos manuscritos de 2.500 años de antigüedad, escritos por un discípulo de Buda, que al parecer contenían la clave para responder a sus preguntas.
Entendiendo que entre saber y comprender hay un largo trecho, el doctor Usui se reunió con el superior del monasterio y el sabio y anciano monje le aconsejó que se retirara a la montaña sagrada de Kuriyama para meditar y ayunar durante veintiún días. Al despuntar el sol en la mañana siguiente, Usui partía hacia la montaña.
En cuanto llegó a su destino, colocó veintiún pequeñas piedras frente a su cabaña, para ir retirando una cada día. Sus jornadas eran sólo para el ayuno, la oración y la meditación pero, a pesar de que cumplía férreamente con la disciplina que se había impuesto, no conseguía que ningún conocimiento superior se le revelase. Hasta que llegó el día número veintiuno. Su último día en la montaña.
Como hacia diariamente, Usui ayunó, rezó y meditó. Cuando la rutina matinal llegó a su fin, antes de abandonar su puesto, el sacerdote suplicó que le llegara la tan ansiada revelación. Y por fin, sus ruegos fueron escuchados. En el lugar en que los hindúes ubican el llamado tercer ojo -en el centro de la frente Usui sintió de pronto el impacto de una luz potente y resplandeciente. Creyendo que había muerto o que estaba sufriendo alucinaciones producto del ayuno, comenzó a percibir un arco iris formado por miles de pequeñas burbujas de colores. Vio entonces símbolos del antiguo sutra del loto que ya conocía y repitió en voz alta: "Sí, lo recuerdo", dándose cuenta en ese instante que lo que le sucedía era absolutamente real. Usui había comenzado a aproximarse a - su tan ansiada meta. Ya estaba cerca de redescubrir el Reiki.
Una vez concluida la revelación y sus consecuencias, partió de inmediato hacia el monasterio deseoso de contarle su extraordinaria experiencia al viejo monje, no sin antes rezar una oración de agradecimiento. Pero antes de llegar, en su camino lo esperaban una serie de milagros que confirmarían que ya la fuerza del Reiki estaba en él.
Los milagros del Reiki se manifiestan
Apenas emprendió la marcha y a pesar de haber estado ayunando durante tres semanas, Usui se dio cuenta de que se sentía más fuerte y joven que nunca. Fue éste el primer milagro o el primer efecto del Reiki en él.
Bajó la montaña tan rápido como pudo, pero con tan mala suerte que tropezó con una piedra y se hirió un pie. La herida sangraba abundantemente. Al colocar instintivamente su mano sobre la herida vio como la hemorragia cesaba y la herida se cerraba. Este fue la segunda experiencia que tuvo del Reiki en su propio cuerpo.
Usui llegó luego a una taberna para tomar una colación. Mientras comía, el dueño del lugar le contó que su nieta sufría muchísimo por un dolor dental. Al verla era evidente el motivo de tanto sufrimiento: un impresionante flemón le hinchaba la mejilla. El posadero no podía darse el lujo de llevar a su nieta a Kioto para que la atendiera un dentista y era evidente que la muchacha padecía horribles dolores. Usui colocó entonces su mano sobre la mejilla de la niña y después de algunos minutos la inflamación y los dolores habían cesado. El Reiki había obrado su tercer milagro.
Se sabe que después de un ayuno prolongado hay que acostumbrar muy progresivamente al cuerpo a la comida, ingiriendo pequeñas cantidades que se deben aumentar progresivamente y jamás comer hasta el hartazgo porque puede ser muy peligroso. Pero en la taberna, Usui cometió un error que podría haber resultado letal para su salud.
Desoyendo las reiteradas advertencias del propietario de la fonda que sabía de los riesgos que su conducta podía acarrear, el doctor Usui comió en exceso hasta saciarse, víctima de un enorme apetito producto de su ayuno de veintiún días. Sin embargo nada malo pasó y se fue muy satisfecho sin sentir ninguna molestia o dolencia. El Reiki había hecho el cuarto milagro en él.
El Reiki y su fuerza se habían manifestado en un día en cuatro ocasiones. Los llamados milagros como seguramente también los calificaron los testigos de esos acontecimientos incomprensibles, no eran otra cosa que la poderosa capacidad curativa del Reiki manifestándose a través de alguien, el doctor Usui que ya era "canal", aún sin saberlo.
Al llegar al monasterio, Usui encontró al anciano monje acostado en su cama, sufriendo fuertes dolores por una artritis. El monje escuchó atentamente el relato de las vivencias experimentadas por Usui, mientras este le daba Reiki colocando sus manos sobre las articulaciones afectadas. Nuevamente el resultado fue asombroso: los dolores se diluyeron progresivamente hasta desaparecer.
El error de ver al hombre de manera parcial
Después de pasar algún tiempo meditando por consejo del monje, Usui sintió que quería ayudar con su nueva capacidad a tantas personas como pudiera. Se instaló entonces en uno de los barrios más humildes de Kioto, dedicándose por entero a ayudar a enfermos sin recursos.
Durante esta etapa de su vida, Usui logró curar de las más diversas dolencias y enfermedades a mucha gente, y los ayudó también a que aprendieran a llevar una vida digna, re insertándose en la sociedad y abandonando costumbres y conductas nocivas para sus cuerpos y mentes.
Sin embargo, en algo fracasaba. Después de un tiempo, muchas de las personas a las que él había ayudado regresaban al barrio de los marginados. Utilizando como único método el mantener prolongadas conversaciones con los afectados, Usui se puso a investigar por qué esta gente reincidía en sus errores.
La tristeza y la desesperación se apoderaron del doctor Usui al reconocer que en su afán por curar el cuerpo, había ignorado la necesidad de también "curar" el espíritu y la moral de las personas. De manera indiscriminada había dado Reiki, sin tener en cuenta si el receptor lo deseaba verdaderamente o no. De pronto, su trabajo en los barrios más carenciados perdió todo sentido para él. El resultado fue que, después de siete años de labor ininterrumpida en la zona, abandonó su tarea para iniciar una nueva etapa en su vida, dando también un nuevo y decisivo paso en el desarrollo del Reiki.
Con esa sensación de fracaso en sus espaldas por no haber tenido en cuenta al hombre como totalidad y unidad cuerpo-espíritu, el doctor Usui se dedicó a enseñar Reiki, para lo cual viajó de un lugar a otro, dictando seminarios y formando discípulos.
A partir de sus experiencias y tomando en cuenta sobre todo aquellos puntos categóricamente importantes para obtener una curación verdadera, Usui estableció las cinco reglas vitales del camino del Reiki, las cuales aparecen formuladas de diferente manera, de acuerdo a las diferentes fuentes y autores.
1. Precisamente en este día, no estés enojado.
2. Precisamente en este día, no sientas preocupaciones.
3. Precisamente en este día, sé amable con tu prójimo.
4. Precisamente en este día, gana tu pan con dignidad.
5. Precisamente en este día, sé agradecido con la vida.
El doctor Usui con su ya inmensa sabiduría había detectado cuales eran las fuerzas que se oponen al desarrollo del hombre: el enojo o la ira; las preocupaciones; la falta de afecto, cariño, o amor; la falta de dignidad y el hecho de ser desagradecido.
Denominó entonces Usui-Reiki al sistema de curación de extremada elegancia, sencillez y eficacia física y espiritual que su aprendizaje le revelara.
Sus últimos años y su herencia
Usui dedicó el resto de su vida a la formación de sus alumnos o discípulos, hasta que todos ellos se transformaron en maestros de Reiki. En sus seminarios no había mujeres debido a la rigidez de la sociedad patriarcal japonesa, que empezó a cambiar recién a partir de la mitad del siglo XX. Es que no era sencillo incorporar a las mujeres entonces, ya que siguiendo la antigua tradición presente en muchas culturas, los alumnos acompañaban al maestro en sus viajes y vivían con él.
Usui llevó a cabo muchísimos tratamientos Reiki y también formó a muchas personas como terapeutas, sanadores o maestros, siguiendo un método muy simple: compartiendo primero con ellos su vida, y después conformando un silencioso círculo de meditación, por toda ceremonia, como maestros iniciados de espíritu a espíritu.
Fueron algunos de estos discípulos del doctor Mikao Usui los que han logrado que el Reiki siguiera vivo y desarrollándose, haciendo además aportes personales allegado de Usui y también viajando a otros países. Esto permitió que el Reiki se conociera más allá de las fronteras del Japón y muy seguramente fue el artífice de que sobreviviera al emigrar como doctrina antes de la devastación que significó para este país de origen la Segunda Guerra Mundial.
La etapa moderna del Reiki
La continuidad y el redescubrimiento actual del Reiki le debe mucho al gran maestro doctor Chujiro Hayashi, que sucedió al doctor Usui, y a la señora Hawayo Takata.
Hayashi, tuvo varias hijas, una de las cuales difundió el Reiki en Corea. Pero su función más importante fue haber servido de "vaso comunicante" entre Usui y Hawayo Takata, quien fue una de sus discípulas.
Más allá de muchas discusiones teóricas, Hawayo Takata es la responsable de dos grandes cambios en la historia del Reiki: su divulgación en Occidente y el comienzo de una nueva era en la transmisión del Reiki a través también de las mujeres, que terminaron con la herencia patriarcal japonesa que indicaba que sólo los hombres podían ser Sensei (maestros). Esto último seguramente se debe, además de los cambios culturales operados en el mundo, al hecho de que Takata no era japonesa.
Procedente de Hawai, Hawayo Takata había llegado al Japón para tratarse una enfermedad que venía sufriendo desde hace mucho tiempo. Cuando ya le habían recomendado someterse a una operación, obtuvo la tan buscada curación en la clínica de Reiki de Tokio fundada por el doctor Hayashi y ya no fue necesaria cirugía alguna. La señora Takata fue consagrada por el doctor Hayashi como decimotercera maestra del Reiki, en 1938, convirtiéndose en la primera mujer que alcanzaba el grado de maestra de Reiki, el tan ansiado tercer grado. A su regreso a Hawai fundó un centro de Reiki e inició la presente difusión del Reiki en Occidente, mediante sus viajes para dictar seminarios en los Estados Unidos y Canadá.
Durante los difíciles años de la posguerra, con un resquemor generalizado por todo lo que fuera o pareciera ser "japonés" (Takata no lo era, pero su apellido sí) y con los Estados Unidos sumergidos en las persecuciones macartistas, cuando todas las ideas nuevas y poco convencionales eran reprimidas, fue muy duro para la flamante maestra imponer sus conocimientos y difundirlos. Sin embargo, lejos de darse por vencida por las dificultades, su estrategia fue apostar al futuro: Takata capacitó a una docena de maestros de Reiki, capaces a su vez de consagrar a otros maestros que llevarían la milagrosa disciplina hasta los confines del mundo.
Su sueño se realizó, ya que cuando la gran maestra Takata murió a finales de los años '80, el Reiki se hallaba ya firmemente difundido y aceptado. Se habían creado también las primeras instituciones de Reiki con la intención de mantener la necesaria vinculación entre los cada vez más numerosos maestros y alumnos.
Entre los discípulos que se convertirían en maestros y luego contribuirían a la difusión del Reiki, se encontraban Phyllis Lei Furumoto y Barbara Ray.
Extraído del Libro
Iniciación al Reiki
Andrew Gideon
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